Paisaje

En cualquier pantalla, impresora o programa, la orientación horizontal se llama paisaje y la vertical retrato. Los dos grandes géneros de la pintura han dado nombre a los formatos: el paisaje se extiende a lo ancho, como el horizonte, y el retrato se alarga como un cuerpo de pie. En esta página vemos el paisaje como género, o más bien como conjunto de géneros, y preparamos la práctica de estudio de este curso, en la que el paisaje será el cuerpo.

Elementos asociados al paisaje en fotografía:

1. El paisaje es una manera de mirar

La palabra ya lo dice. Paisaje viene del francés paysage, derivado de pays: el país, la tierra. El país es el terreno; el paisaje es ese terreno convertido en imagen. El filósofo Alain Roger (Breve tratado del paisaje, 1997) defiende que el paisaje no existe en la naturaleza: solo vemos paisajes porque el arte nos ha enseñado a mirarlos, un proceso que llama artialisation. Su ejemplo favorito es la montaña: para los viajeros del siglo XVII los Alpes eran un obstáculo horrible; después de los pintores y poetas románticos se convirtieron en un espectáculo. El historiador Simon Schama lo resume así en Landscape and Memory (1995):

«Antes de ser un reposo para los sentidos, el paisaje es obra de la mente.»

Esto tiene dos consecuencias para nosotros. La primera es práctica: el horizonte es el elemento que define el paisaje y el encuadre es lo que lo crea (ver las páginas sobre el horizonte y sobre el encuadre). La segunda es la que nos interesa para la práctica: si el paisaje es una manera de mirar y no un tipo de objeto, cualquier cosa puede volverse paisaje. Un fondo marino, una costra de barro vista desde un helicóptero, un montón de cangrejos, la espalda de una persona.

2. Un género heredado de la pintura

Los paisajes, con figuras humanas o sin ellas, y las marinas son uno de los géneros más fecundos de la pintura. Pero tardaron mucho en ser un género. Durante siglos el paisaje fue fondo: lo que se ve detrás de una Virgen, de un santo o de la Gioconda. Tras la pintura romana, vuelve a ser tema autónomo en Flandes, a principios del siglo XVI, con Joachim Patinir, a quien Durero llamó «buen pintor de paisajes»: el oficio empezaba a tener nombre.

En el siglo XVII se consolidan dos maneras:

  • El paisaje holandés (Ruisdael, Hobbema) y las marinas: lugares reconocibles, horizonte bajo, cielos inmensos que ocupan dos tercios del cuadro.
  • El paisaje ideal o clásico de Claude Lorrain y Nicolas Poussin: la campiña romana idealizada, con ruinas antiguas, luz dorada y pequeñas figuras mitológicas. No representa un lugar, sino una armonía.
Ruisdael. The windmill at Wijk bij Duurstede c1670
Paisaje con las tentaciones de San Antonio (1635-1638), Claude Lorrain, Museo del Prado, Madrid. El paisaje expresivo y atormentado.
Claude Lorrain. L’embarquement de la reine de Saba, 1648. El crepúsculo en un paisaje antiguo idealizado donde los personajes no son el foco de atención.
El paisaje en la antigüedad romana.Paisaje de la Odisea. c.60-40 a.C. Pintura al fresco. El desarrollo del paisaje fue una de las principales innovaciones de la pintura romana.

Aun así, el paisaje seguía siendo un género menor. En la jerarquía de los géneros que fijó André Félibien para la Academia francesa (1667), arriba estaba la pintura de historia (religiosa, mitológica, histórica), después el retrato, después los animales, y casi abajo del todo el paisaje, solo por encima de la naturaleza muerta. El criterio era la dignidad del tema: cuanto más cerca del ser humano y de sus acciones, más noble.

Vista desde la ventana en Le Gras. Fotografía original creada por Nicéphore Niépce en 1826 o 1827.

La fotografía hereda ese orden, pero empieza al revés. La fotografía más antigua que se conserva, Vista desde la ventana en Le Gras de Nicéphore Niépce (hacia 1826-1827), es un paisaje de tejados. No por elección estética, sino por necesidad técnica: la exposición duró horas, y solo lo que no se mueve, edificios, árboles, montañas, objetos, podía quedar registrado. El paisaje y la naturaleza muerta fueron los primeros géneros fotográficos porque eran los únicos posibles.

3. Tres maneras de valorar un paisaje: bello, sublime, pintoresco

El siglo XVIII nos dejó tres palabras que siguen siendo útiles para analizar cualquier paisaje:

  • Lo bello agrada por armonía, medida, suavidad. Es un placer tranquilo.
  • Lo sublime impresiona por desmesura: la tormenta, el abismo, la montaña que nos empequeñece. Es un placer mezclado con algo de miedo. Lo teorizaron Edmund Burke (1757) e Immanuel Kant (1790).
  • Lo pintoresco (William Gilpin, 1782) es el paisaje que «parece un cuadro»: irregular, rústico, con caminos, ruinas, pastores, árboles viejos. Ni armonía perfecta ni terror.

Un objeto de la época muestra hasta qué punto el paisaje era ya una cuestión de encuadre: el espejo de Claude, un pequeño espejo convexo y tintado que llevaban los viajeros. Se ponían de espaldas al paisaje y lo miraban reflejado: el espejo lo enmarcaba, lo reducía y le daba los tonos dorados de un cuadro de Claude Lorrain. Es un antecesor directo del visor de la cámara, y también de los filtros de las redes sociales.

4. Figura y fondo: ¿retrato o paisaje?

Ante cualquier imagen hacemos, sin darnos cuenta, una lectura de figura y fondo. La psicología de la percepción lo estudió a partir de Edgar Rubin (1915) y de su célebre jarrón, que también se puede ver como dos perfiles enfrentados: no podemos ver las dos cosas a la vez, y lo que es figura en un momento pasa a ser fondo al siguiente.

En fotografía, esto separa dos intenciones. O vemos una imagen como un retrato, donde lo importante es una figura y el resto es fondo, o como un paisaje, donde no hay una figura privilegiada y toda la imagen importa: el fondo es la figura. Son dos motivaciones distintas, y la técnica sigue a la intención. En el retrato se controla el fondo para que no compita con la figura, a menudo desenfocándolo con poca profundidad de campo. En el paisaje se busca que todo cuente, a menudo con la mayor nitidez posible en todos los planos.

Paisaje con la caída de Ícaro. Atribuida a Pieter Brueghel el Viejo. 1554-55

El criterio no es que haya o no gente, sino dónde está el sentido. Dos cuadros lo muestran bien:

  • En Paisaje con la caída de Ícaro (atribuido a Pieter Bruegel el Viejo, hacia 1560), Ícaro es una pierna diminuta que se hunde en el mar, en una esquina. El campesino sigue arando y el barco sigue navegando. Hay figura, pero el cuadro es un paisaje, y ahí está su sentido: el mundo sigue indiferente a la tragedia.
  • En El caminante sobre el mar de nubes (Caspar David Friedrich, hacia 1818), la figura domina el centro, pero está de espaldas. Es lo que se llama una Rückenfigur, figura de espaldas: no la miramos a ella, miramos con ella. Es un paisaje mirado por alguien.
Caspar David Friedrich. El caminante sobre el mar de nubes (1817-1818).

Así, una figura en un paisaje puede cumplir varias funciones:

  • Escala: la persona diminuta que hace sentir la desmesura del lugar, típica de lo sublime.
  • Delegado de la mirada: la figura de espaldas que mira por nosotros.
  • Masa: cuando las figuras se multiplican, pierden su individualidad y forman una textura, un terreno. Lo veremos en Salgado, en un concurso de fotografía de naturaleza y en Bill Brandt.
  • Tema: si la figura se convierte en lo importante, salimos del paisaje y pasamos al retrato con fondo.

5. Breve historia de la fotografía de paisaje

5.1. El paisaje como inventario

Antes que arte, el paisaje fotográfico fue documento. En los años 1860 y 1870, fotógrafos como Carleton Watkinsen Yosemite o Timothy O’Sullivan en las expediciones geológicas del Oeste americano documentaban territorio para el gobierno, las compañías mineras y los ferrocarriles. Las fotografías de Watkins, con negativos de vidrio enormes, circularon en Washington mientras se debatía proteger el valle, y Lincoln firmó en 1864 la ley que preservaba Yosemite. El paisaje fotográfico nace como topografía, y esa tradición documental nunca desaparece.

5.2. El paisaje romántico o impresionista de los pictorialistas

Hacia 1890-1910, el pictorialismo quiso demostrar que la fotografía podía ser arte imitando a la pintura: bruma, flou, tonos cálidos, papeles y procesos artesanales, a menudo retocados a mano. En el paisaje retoma los temas pastorales y bucólicos de la pintura, es decir, lo pintoresco: campesinas, rebaños, caminos que se pierden en la niebla.

Tres muchachas campesinas paseando por un prado con ovejas, en tonos sepia
Henry Peach Robinson, Carolling, 1887. El tema pastoral de la pintura bucólica trasladado a la fotografía. Robinson componía sus escenas, a menudo combinando varios negativos, como un pintor compone un cuadro.
Una pareja de espaldas bajo un árbol inclinado por el viento, en un campo brumoso
Gertrude Käsebier, Pastoral, 1905. La pareja de espaldas es una figura que mira el paisaje por nosotros.
Un niño de espaldas ante un camino que se curva entre árboles
Gertrude Käsebier, The Road to Rome, 1902. De nuevo una figura de espaldas, aquí un niño ante el camino: la línea del camino lleva la mirada hacia el fondo.
Árboles en la bruma con pequeñas figuras de niños y vacas
Léonard Misonne, Les petits vachers, 1938. Misonne siguió haciendo pictorialismo hasta muy tarde, cuando el movimiento ya estaba superado en Estados Unidos: los estilos no se suceden limpiamente, se solapan.
Orilla de un río con hierba escarchada y árboles difuminados en la niebla
Léonard Misonne, Au bord de l’eau. La niebla y el contraluz disuelven los planos: el paisaje se convierte en atmósfera.

5.3. Ansel Adams y el grupo f/64

En 1932, un grupo de fotógrafos de California (Ansel Adams, Edward Weston, Imogen Cunningham, Willard Van Dyke y otros) fundó el Grupo f/64 como reacción contra el borroso y la manipulación pictorialistas. El nombre es un programa: f/64 era el diafragma más cerrado de las cámaras de gran formato, el que da la máxima profundidad de campo. Defendían una fotografía «pura»: nitidez total, de primer plano al infinito, copias por contacto en papel brillante, ninguna imitación de la pintura.

Adams llevó esta estética al paisaje monumental de los parques nacionales americanos: naturaleza virgen, sin rastro humano, grandiosa. Más que belleza, busca lo sublime. Para controlar la exposición desarrolló con Fred Archer el sistema de zonas (hacia 1940): dividir la escala de grises en once zonas, del negro puro al blanco puro, medir las partes importantes de la escena y decidir de antemano en qué zona cae cada una. Es decir, previsualizar la copia final en el momento de la toma. Adams, que se formó como pianista, lo decía así: el negativo es la partitura y la copia es la interpretación.

Pared de roca de Half Dome con nieve, la luna pequeña en un cielo negro
Ansel Adams, Moon and Half Dome, Yosemite, 1960. La monumentalidad de Yosemite: la roca ocupa casi todo el cuadro y la luna, diminuta, da la escala.
Carleton Watkins. Taysayac, Yosemite, 1861. Un siglo antes que Ansel Adams, Watkins fue un pionero de la fotografía de paisaje y la documentación de espacios naturales, que contribuyeron a que el congreso declarase Yosemite como parque natural. La profundidad atmosférica se opone a la nitidez absoluta de Adams.
Montaña nevada sobre un lago que refleja la luz, en blanco y negro
Ansel Adams, Mount McKinley and Wonder Lake, Alaska, 1947. Paisaje monumental con exposición perfecta, gran profundidad de campo y fuertes contrastes, que se pueden acentuar después en el revelado.
Pueblo con cementerio de cruces blancas bajo un cielo negro con la luna
Ansel Adams, Moonrise, Hernandez, New Mexico, 1941. Según contó Adams, la luz desaparecía y no encontraba el fotómetro; sabía la luminancia de la luna y calculó la exposición a partir de ella. Solo tuvo tiempo de hacer un negativo. A lo largo de los años la copió muchas veces, con cielos cada vez más oscuros: un mismo negativo, varias interpretaciones.
Raíces enormes y retorcidas sobre la grava, vistas de cerca
Ansel Adams, Roots, Foster Gardens, Honolulu, 1948. Un mini paisaje hecho con unas raíces: el mismo tratamiento que una montaña, aplicado a un detalle. Sin referencia de escala, las raíces podrían ser un relieve visto desde el aire.

5.4. El paisaje alterado por el hombre

En 1975, la exposición New Topographics: Photographs of a Man-Altered Landscape (George Eastman House, Rochester) reunió a fotógrafos como Robert Adams, Lewis Baltz, Stephen Shore y el matrimonio Bernd y Hilla Becher. Contra la naturaleza virgen de Ansel Adams, fotografiaban aparcamientos, urbanizaciones nuevas, naves industriales y gasolineras, con un tono neutro, sin dramatismo, casi como inventario. Vuelven, de alguna manera, a la topografía del siglo XIX. El paisaje deja de ser un lugar para escapar y pasa a ser el lugar donde vivimos.

5.5. Paisaje de reportaje y denuncia

El fotoperiodismo también produce paisajes: lugares marcados por la guerra, la explotación o el desastre. La figura humana sigue presente, pero a menudo pierde su individualidad y se convierte en masa o en escala.

Multitud de personas sentadas y tumbadas en un campo de refugiados
Sebastião Salgado, campo de refugiados. Las personas llenan todo el cuadro hasta formar un terreno humano.
Un bombero entre chorros de petróleo y una enorme nube de fuego y humo
Sebastião Salgado, incendios de los pozos petrolíferos de Kuwait, 1991. Un paisaje apocalíptico donde la figura humana da la escala del desastre.
Miles de mineros en las paredes escalonadas de una mina a cielo abierto
Sebastião Salgado, mina de oro de Serra Pelada, Brasil, 1986 (serie publicada como Gold). Decenas de miles de buscadores de oro trabajaban a mano en este enorme agujero. La figura humana, multiplicada, se vuelve insignificante en un paisaje descomunal.

Esta misma estrategia se encuentra en la fotografía aérea: Yann Arthus-Bertrand (La Tierra vista desde el cielo, 1999) o Edward Burtynsky (minas, canteras, vertederos, presas) muestran desde lejos la huella humana sobre el planeta, y la transforman en composiciones abstractas de gran belleza.

Aquí aparece un debate que no tiene respuesta cerrada: ¿se puede estetizar el desastre? Si una mina a cielo abierto es bellísima desde el aire, la imagen ¿denuncia o seduce? La crítica Ingrid Sischy reprochó a Salgado en 1991 que sus imágenes de la miseria fueran demasiado bellas, y Susan Sontag retomó la cuestión en Ante el dolor de los demás (2003). La otra posición responde que la belleza es lo que hace que miremos y que recordemos. Cada fotógrafo, y cada espectador, se sitúa en algún punto de esa tensión.

5.6. Paisaje minimalista y estética gráfica

Una tendencia muy presente hoy busca la reducción: pocas formas, mucho vacío, a menudo en un blanco y negro intenso y contrastado que hace destacar líneas negras sobre fondos blancos. La nieve, la niebla, el agua y el cielo funcionan como hojas en blanco. Muchas de estas imágenes usan exposiciones largas, que alisan el agua y las nubes, o el movimiento intencional de la cámara: dos técnicas que practicamos en este curso.

Terrazas de arrozales inundadas que forman curvas blancas y negras
Michael Kenna. Los arrozales en terraza se leen como un dibujo de líneas negras sobre blanco. Kenna trabaja en analógico, en formato cuadrado, a menudo con exposiciones muy largas al amanecer o de noche.
Vallas de madera oscuras y un árbol sobre una ladera nevada
Michael Kenna. Las vallas y el árbol son lo único que la nieve deja ver: el paisaje se reduce a un signo gráfico.
Un árbol torcido negro sobre un fondo blanco de nieve y cielo
Michael Kenna. El árbol aislado, casi caligráfico, sin horizonte visible entre la nieve y el cielo.
Playa de arena negra con la espuma blanca de una ola y rocas en el horizonte
Nina Papiorek. Exposición larga: el mar se convierte en una superficie lisa y la línea de espuma en una curva pura.
Troncos de árboles en la niebla con dos personas sentadas en un banco
Nina Papiorek. Los personajes se funden en el paisaje, aunque mantienen la presencia humana: son escala, no tema.
Una persona caminando por una avenida de árboles nevada, imagen desenfocada
Olga Karlovac y su típico borroso intencional. El pictorialismo había defendido el flou; aquí vuelve, por otros medios.
Piernas de muchas personas caminando, movidas, como troncos de árboles
Olga Karlovac abstrae la figura humana y la convierte en un bosque humano: las piernas de la multitud son troncos.

6. El paisaje hoy: un concurso como muestrario

Vamos a categorizar y reflexionar con los premiados del concurso Australian Geographic Nature Photographer of the Year 2025, publicados en The Guardian. El premio principal fue para una vista macro de un coral; según el jurado, una fotografía que «altera la percepción» y nos hace preguntarnos: «¿es naturaleza o es una pintura?». Es exactamente la pregunta de los pictorialistas, más de un siglo después.

Primero, una observación sobre las categorías del concurso: paisaje, fotografía aérea, animales en la naturaleza, astrofotografía, monocromo… Mezclan criterios distintos: un tema (animales), un punto de vista (aéreo), un objeto (el cielo nocturno) y un tratamiento (blanco y negro). Una misma foto podría estar en varias. Para analizar una imagen con más precisión conviene separar los ejes:

  • La intención: documentar, buscar la belleza, lo sublime o lo pintoresco, denunciar, abstraer.
  • El punto de vista: a la altura de los ojos con horizonte, aéreo o cenital (mirando hacia abajo), contrapicado (mirando hacia arriba), cercano o macro.
  • El tratamiento: color o blanco y negro, nitidez o flou, exposición corta o larga.
  • La relación figura y fondo: paisaje puro, figura como escala, figura como delegado de la mirada, masa, retrato con fondo.
Nube de tormenta enorme sobre el mar con un rayo que cae al agua
Darren Wassell, The Beast, ganadora en la categoría de paisaje. Kings Beach, Queensland. Paisaje fotografiado por las formas y el poder de la naturaleza: lo sublime en estado puro. El horizonte está muy bajo y el cielo ocupa casi toda la imagen.
Un árbol en silueta entre la bruma, atravesado por rayos de luz, en blanco y negro
Joy Kachina, Transpiration, finalista en monocromo. Deloraine, Tasmania. Prototipo de la búsqueda de belleza con la luz y la bruma matinal. No es solo la captura de un paisaje: hay una intención de encuadre y de exposición, medida para el cielo para que el árbol quede en silueta.
Vista aérea de un canal de drenaje en el barro con forma de hoja, y un ave volando
Charles Davis, Jabiru Leaf, ganadora en fotografía aérea. Wyndham, Australia Occidental. La marea al retirarse dibuja en el barro una hoja o un árbol. La toma aérea hace visibles formas abstractas que no se perciben desde el suelo, y la cigüeña da una escala que, a la vez, confunde.
Troncos negros de árboles quemados que convergen hacia la Vía Láctea
Caroline Jones, Celestial Iris After the Fires, finalista en astrofotografía. Mallacoota, Victoria. Belleza misteriosa y abstracción de las líneas negras de los árboles, en un contrapicado vertical, mirando directamente hacia arriba. Son árboles quemados en los incendios de 2019-2020: belleza y desastre en la misma imagen.
Vista cenital de una ballena jorobada en el mar con dos delfines delante
Craig Parry, The Chase, finalista en fotografía aérea. Lennox Head, Nueva Gales del Sur. Aquí tenemos más bien un retrato de cetáceos sobre un fondo de mar: el agua es un fondo uniforme y las figuras son el tema.
Un tiburón visto desde arriba nadando sobre una masa de cangrejos araña
Charles Davis, PJ & Crabs, ganadora en animales en la naturaleza. Bahía de Port Phillip, Victoria. Puede leerse como figura sobre paisaje: el retrato de un tiburón sobre un fondo de miles de cangrejos que se amontonan y dejan de ser individuos para formar una masa paisajística. Esto nos será útil si queremos formar un paisaje de manos o de elementos pequeños que pierden su individualidad de figura.
Interior de un coral en tonos rosas, verdes y azules, con formas ramificadas
Ross Gudgeon, Fractal Forest, ganadora absoluta. Vista desde dentro de un coral blando. Ejemplo de micropaisaje con objetivo macro: sin escala, un coral se lee como un bosque visto desde el aire o como un tapiz.

7. El cuerpo como paisaje

Llegamos a la idea central de la práctica: el cuerpo como paisaje consiste en invertir la relación de figura y fondo. El cuerpo, que en la imagen siempre es figura, se convierte en campo, en terreno. Para que eso funcione hay que quitarle todo lo que lo hace figura: la cara, los contornos completos, la escala reconocible.

Edward Weston, del grupo f/64, ya había explorado esta ambigüedad en los dos sentidos: un pimiento fotografiado como un cuerpo (Pepper No. 30, 1930) y desnudos tendidos en las dunas de Oceano, California (1936), donde el cuerpo y la arena se confunden. Pero quien la llevó más lejos fue Bill Brandt. A partir de 1945 fotografió desnudos con una vieja cámara de madera con objetivo gran angular, que deformaba los cuerpos y los alejaba de la anatomía. Más tarde los fotografió muy de cerca en las playas de guijarros de Normandía y de Sussex, donde un codo o una rodilla se leen como rocas. Reunió este trabajo en el libro Perspective of Nudes (1961).

Personas durmiendo en fila en el andén de una estación de metro
Bill Brandt, Elephant and Castle Underground, 1940. Londinenses refugiados en el metro durante los bombardeos. Antes de sus desnudos, Brandt ya convierte en paisaje una serie de cuerpos yacentes: la fila de durmientes es un terreno que se pierde en la perspectiva.
Una pierna doblada en primer plano sobre los guijarros de una playa, con el mar al fondo
Bill Brandt, Nude, Baie des Anges, France, 1959. La pierna doblada se alza sobre los guijarros como una colina sobre el horizonte del mar.
Curvas de un cuerpo en primer plano, en blanco y negro contrastado
Bill Brandt, Nude, East Sussex Coast, 1960. Curvas del cuerpo como rocas en el paisaje.
Una rodilla entre los guijarros de una playa, con acantilados al fondo
Bill Brandt, Nude, East Sussex Coast, 1977. La rodilla tiene el mismo peso que los acantilados del fondo: sin escala, cuerpo y paisaje se equivalen.
Dedos de dos manos entrelazados apoyados sobre guijarros
Bill Brandt, Untitled, 1959. Los dedos crean relieves rocosos: manos convertidas en paisaje.
Una mano apoyada sobre la grava, vista de muy cerca
Bill Brandt, Nude, Taxo d’Avall, France, 1957. La mano y la grava tienen la misma textura y el mismo peso visual.
Formas curvas de un cuerpo y un brazo en blanco casi puro sobre negro
Bill Brandt, 1957 [comprobar título]. Las curvas del cuerpo, convertidas en un blanco y negro casi puro, se leen más como una orografía que como anatomía.
Curvas de un cuerpo blancas sobre sombras negras, sin detalles reconocibles
Bill Brandt, Nude, London, 1958. Sin cara, sin contornos completos y sin escala, el cuerpo es una sucesión de colinas y valles.

¿Qué hace que un cuerpo se lea como paisaje? Estos son los criterios que vamos a usar en la práctica:

  • Pérdida de la escala. No debe quedar ninguna referencia de tamaño reconocible: uñas, pelo, un ojo. Sin escala, una curva es una duna.
  • Cortar por las articulaciones, a propósito. En la página de encuadre se presentaba como regla no cortar por las articulaciones. Aquí se invierte: se corta para que la parte deje de ser identificable como parte de un cuerpo.
  • Una línea que funcione como horizonte. El contorno de una cadera o de un hombro contra un fondo negro se convierte en línea de tierra. Todo lo visto sobre el horizonte, incluida su inclinación expresiva, vuelve a servir.
  • Luz rasante y dura. La luz que llega casi paralela a la piel la convierte en relieve: la textura sustituye a la anatomía, y lo que no recibe luz cae al negro.
  • Masa. Varias manos, varios cuerpos o varios objetos juntos pierden su individualidad, como los cangrejos del concurso, y forman un terreno.
  • Escala falsa. Al revés que la pérdida de escala, se puede introducir una escala engañosa: un muñeco diminuto sobre una espalda funciona como el caminante de Friedrich o como las figuras pequeñas en un paisaje sublime.

El mismo principio funciona en imagen en movimiento. La videodanza Human Geography, de Ana Estellés, convierte el cuerpo en paisajes (ver en media.upv.es).

Piel en primer plano muy oscura con un pliegue iluminado
Ana Estellés, Human Geography, fotograma.
Piel arrugada en primer plano, como un valle visto desde el aire
Ana Estellés, Human Geography, fotograma. Los pliegues de la piel se leen como un valle.
Formas verticales de piel desenfocadas en blanco y negro
Ana Estellés, Human Geography, fotograma.